¿Son tan beneficiosos los ácidos grasos Omega-3?

Nuevos estudios demuestran que los beneficios de los ácidos grasos Omega-3 dependen en gran parte de la genética del individuo

 

Los beneficios de estos ácidos grasis se descubrieron en 1982 gracias a un estudio que intentaba explicar la práctica ausencia de enfermedades cardiovasculares en los esquimales. Se reveló que era gracias a su alimentación, muy rica en pescado azul (que contiene gran cantidad de ácidos grasos Omega-3).

En los años 90 se publicaron varios estudios científicos que demostraban que la ingesta regular de estos lípidos disminuía la probabilidad de tener un ataque cardíaco o desarrollar una enfermedad cardiovascular. Entonces, se empezaron a realizar nuevos experimentos, buscando más posibles beneficios. Fue en aquel momento  cuando se encontró que también beneficiaba a pacientes que sufrían trastornos bipolares, esquizofrenia, depresión, alzhéimer, artritis, fibrosis quística, hipertensión, alteraciones de la visión, dificultades cognitivas e incluso en la prevención de algunos tipos de cáncer. Sin embargo, estos fueron estudios aislados, con pocos datos y, por tanto, sus resultados no pueden ser considerados concluyentes (hasta que se realicen más investigaciones sobre el tema).

Debido a todas estas investigaciones y la expansión de sus resultados a través de los medios de comunicación, se inició una febril obsesión por tomar Omega-3. Se empezó a comer mucho más frecuentemente (y más tarde excesivamente) aquellos alimentos que contenían esta clase de ácidos grasos. Ejemplos de esta clase de alimentos son el pescado azul (atún, salmón, sardina), la salvia, las semillas de lino, cáñamo y de calabaza, las nueces y el aceite de colza. Esta moda por tomar Omega-3 no solo no paró, sino que ha seguido incrementando y extendiéndose por todo el mundo. Y la gente, no contenta con incluir en su dieta alimentos que contengan estos ácidos grasos de forma natural, empezó a tomar pastillas de aceite de pescado. Luego se empezaron a incluir en estas pastillas otros compuestos químicos que supuestamente ayudaban al correcto funcionamiento del corazón y a la eliminación del colesterol. Estas pastillas fueron todo un éxito y muchas personas comenzaron a tomarlas de forma sistemática. Y esta tendencia continúa hoy en día. Las pastillas de Omega-3 se venden como si fueran un verdadero milagro.

La gente parece haber olvidado que, a pesar de ser ácidos grasos de más calidad que los saturados, siguen siendo grasas y que, por tanto, no podemos ingerirlas de manera excesiva ya que esto desequilibraría nuestra dieta y nuestra salud se vería afectada.

Ahora, la revista Nature ha sacado a la luz los resultados de un nuevo estudio que sigue la misma línea que el realizado por la Universidad de McMaster en Canadá el pasado junio. Tanto el estudio canadiense como el actual tenían como objetivo comprobar los beneficios cardiovasculares de los ácidos grasos Omega-3. Estos estudios han demostrado que los beneficios del Omega-3 son muy variables y dependen en gran medida de la genética de la persona, algo que no se tuvo en cuenta en los primeros estudios.

Otros resultados que pusieron en tela de juicio los beneficios del Omega-3 fueron los de un metaanálisis consistente en 14 estudios clínicos que hacían un seguimiento de hasta 4 años a casi 20.500 pacientes que sufrían enfermedades cardiovasculares.

“Según lo que hallamos, los ácidos grasos DHA y EPA, principales componentes del omega 3, no mejorarían la salud cardiovascular en personas con un historial de enfermedad cardíaca, explicó el doctor Seung-Kwon Myung, uno de los realizadores de este metaanálisis y trabajador del Centro Nacional del Cáncer de Corea del Sur.

Sin embargo, el doctor Frank B. Hu, del Women’s Hospital de Boston, resta importancia a estos resultados explicando que no se consideró “la influencia de las drogas: las estatinas y otros fármacos cardíacos podrían estar ocultando el beneficio real del omega-3. La directora de salud preventiva del mismo hospital, la doctora Mason insiste en que no hay razones para dejar de recomendar un consumo adecuado de este nutriente: los ácidos grasos forman parte de una dieta saludable, y una buena alimentación es sin duda una de las principales claves para tener un corazón sano”.

En conclusión, se espera que en un futuro cercano nuevos estudios arrojen más luz sobre este asunto, confirmando o descartando los beneficios del consumo de los ácidos grasos Omega-3. Y, mientras tanto, se debe mantener una dieta sana, variada y equilibrada.

 

Artículo realizado por Jorge F. Sánchez Iglesias, 2º E.

 

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